Los accidentes mortales en construcción sumaron 164 de los 584 que hubo en toda España en 2025 durante la jornada: aproximadamente 1 de cada 4 en España, o lo que es lo mismo, el 28% del total, casi una muerte cada dos días, en un sector que emplea a alrededor del 7% de los trabajadores del país. Son las muertes ocurridas trabajando, sin contar las de los desplazamientos de ida y vuelta al puesto.
Además, mientras agricultura, industria y servicios redujeron sus cifras, la construcción fue la única que las aumentó: 29 muertes más que en 2024, un 21,5% de subida. Y en lo que va de 2026 la cosa no ha mejorado.
Accidentes mortales en construcción: lo que dicen las cifras oficiales
Los datos de 2025 son provisionales y los publica el Ministerio de Trabajo a partir de los partes de accidente. Además del aumento de muertes, el índice de incidencia de accidentes mortales en construcción subió hasta unos 11,3 fallecidos por cada 100.000 trabajadores, casi un 18% más que el año anterior. Ningún otro sector grande empeoró en esa magnitud.
El avance de 2026 apunta en la misma dirección. Hasta julio, el Ministerio contabiliza 103 fallecidos en construcción, dos más que en el mismo periodo de 2025. En cifras absolutas, solo servicios suma más muertes (161), pero servicios agrupa a muchísimos más trabajadores que la construcción.
Y la desproporción no es de un solo año. Según datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) para el periodo 2019-2023, la construcción supone alrededor del 6,6% de los afiliados y concentra cerca del 30% de las muertes laborales. Es un desajuste que se mantiene en el tiempo, no una mala racha.
¿Y si simplemente hay más gente trabajando?
Es la objeción obvia: si la plantilla crece, mueren más personas aunque la seguridad no cambie. Por eso los organismos oficiales no se quedan en el número bruto, sino que usan el índice de incidencia, que divide los fallecidos entre los trabajadores expuestos. Ese índice también subió en 2025, un 17,8%, casi lo mismo que las muertes (21,5%). La diferencia entre ambos porcentajes indica que la plantilla creció alrededor de un 3%, un cálculo propio a partir de las dos cifras: es crecimiento real, pero explica una parte muy pequeña del aumento.
Para situarlo en el tiempo, los informes anuales del INSST dan un índice de accidentes mortales en construcción de 9,7 en 2021, 11,4 en 2022 y 10,3 en 2024. El 11,3 provisional de 2025 queda así cerca del máximo de ese periodo. No es un récord, pero tampoco se ve una tendencia a la baja sostenida, y en 2025 el resto de grandes sectores sí redujo sus cifras.
Hay un matiz importante: los datos de 2025 son provisionales. Comparados con el dato definitivo de 2024 (140 fallecidos), los 164 de 2025 suponen una subida de alrededor del 17% en lugar del 21,5%. La conclusión no cambia, pero la cifra exacta puede moverse cuando se consoliden.
El sector pesa poco y accidenta mucho
El último informe anual completo del INSST, con datos de 2024, deja otra cifra difícil de rebatir. La construcción registró 95.631 accidentes con baja en jornada, un índice de 6.014 por cada 100.000 trabajadores, más del doble de la incidencia media del conjunto de sectores. Si se mira solo la construcción de edificios y los accidentes graves o mortales, el índice llega a 86,3 por 100.000 trabajadores, frente a 22,5 de media nacional: casi cuatro veces más.
Qué aporta el INE, y qué no
Conviene aclarar un detalle de fuentes. El INE no publica una estadística anual de accidentes de trabajo: esa la elaboran el Ministerio de Trabajo y el INSST. Lo que sí ofrece el INE es un módulo especial de la Encuesta de Población Activa, el último de 2020, que pregunta a los propios trabajadores en lugar de contar partes oficiales.
Sus resultados son útiles justo por eso. Según ese módulo, el 3,7% de los ocupados sufrió algún accidente de trabajo en 2020, y la construcción concentró el 8,9% de esos accidentes, una proporción superior a su peso en el empleo. Además, cerca de una cuarta parte de los accidentados (22,6%) no dejó de trabajar o volvió a su puesto el mismo día, lo que sugiere que una parte de la siniestralidad real nunca llega a convertirse en un parte con baja.
Qué causa los accidentes mortales en construcción
Aquí los datos obligan a matizar el relato habitual. En construcción, las patologías no traumáticas, es decir, infartos y derrames cerebrales ocurridos durante el trabajo, supusieron el 25,7% de los accidentes mortales de 2024. En el conjunto del país, hasta julio de 2026 es la primera causa de muerte laboral, con 145 casos, por delante de las caídas (59) y los aplastamientos o amputaciones (57).
Eso no significa que el trabajo no tenga nada que ver. Un análisis del INSST sobre 572 muertes entre 2020 y 2022 concluyó que la mayoría de las causas son de naturaleza organizativa: la organización del trabajo explicaba el 29,6% y la gestión de la prevención el 27,3%. Es decir, más de la mitad de los casos analizados se explican por cómo se planifica el trabajo y cómo se gestiona la prevención, algo que en obra se articula, sobre todo, a través del plan de seguridad y salud que debe existir antes de empezar.
Madrid, un ejemplo cercano
La Comunidad de Madrid ilustra bien lo volátil que puede ser la cifra. Según un informe de UGT y CCOO con datos del Instituto Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo, las muertes en jornada en construcción pasaron de 14 en 2024 a 29 en 2025, un aumento del 107%. Con cifras tan pequeñas, un año malo se nota mucho, y es prudente no sacar conclusiones definitivas de una sola variación.
Lo que no sabemos
Ninguna de las fuentes consultadas explica con datos por qué subieron los accidentes mortales en construcción en 2025. Se puede especular con factores como el calor o el repunte de actividad, pero ninguna fuente lo acredita, así que son hipótesis, no resultados. Lo que sí está documentado es el patrón de fondo: un sector que supone una fracción pequeña del empleo y una parte desproporcionada de las muertes, año tras año.
Mientras el resto de la economía reduce su siniestralidad, la construcción se queda atrás. Las normas existen, y lo que sugieren las cifras es que el problema está menos en su ausencia que en cómo se aplican en la práctica: el propio INSST sitúa la mayoría de las causas en la organización del trabajo y la gestión de la prevención.

